Está entre emocionada y contenida. La activista Uge Sangil (La Palma, 1968) lleva un día maratoniano. Desde primera hora estaba en el Congreso de los Diputados para asistir a la votación de la llamada Ley Trans, aprobada tras un largo camino plagado de desavenencias. Su papel al frente de la Federación Estatal LGTBI+ fue determinante para que las negociaciones en el seno de Gobierno se desencallaran en junio de 2021. Se sentó, junto a Fundación Triángulo y Chrysallis, con todas las partes hasta llegar a un acuerdo, al texto que finalmente aprobó el Consejo de Ministros.
Reconoce que el trámite no ha sido fácil y asegura que las personas trans salen de él “con más derechos”, pero también “con heridas”, dice en referencia al cruento debate que ha rodeado todo el proceso. La ley ha sido una tormenta para el Gobierno, ha dividido al movimiento feminista y ha abierto una brecha en el PSOE que ha hecho a Carmen Calvo romper la disciplina de voto y abstenerse. Hubo momentos en los que la ley llegó a estar “muy bloqueada”, asegura, a riesgo de no salir. Cuando este jueves Meritxell Batet ha anunciado los 188 votos a favor, 150 en contra y siete abstenciones, Sangil respiraba. Y estallaba a aplaudir desde la tribuna de invitados de la cámara.
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